La segunda fase de investigación en el campo de la Puerta Sur del oppidum ibero de Puente Tablas, que desarrolla el Centro Andaluz de Arqueología Ibérica (CAAI) de la Universidad de Jaén a pocos kilómetros del núcleo urbano de la capital jiennense, ha arrojado nuevos datos relativos a los rituales religiosos iberos, hasta el momento desconocidos.
Así lo ha asegurado el director del CAAI, Arturo Ruiz, durante la visita que ha realizado este lunes al yacimiento acompañado por el rector de la UJA, Manuel Parras; la delegada de la Junta de Andalucía, Purificación Gálvez, y la vicepresidenta de la Diputación, Pilar Parra.
Según ha precisado, en esta segunda fase se ha excavado por completo la puerta, la primera excavada de esta época en Andalucía y que estuvo activa durante todo el siglo IV a.n.e., lo que ha obligado al equipo arqueológico a desmontar parte de la puerta del siglo III a.n.e., y ha permitido excavar un corredor monumental construido con mampostería de piedra, enmarcado entre dos muros, que en algún punto alcanzan los dos metros de altura, y tiene un recorrido de 15 metros y un ancho de 3,5 metros.
A la mitad de este recorrido (7,5 metros) se han documentado dos cajas de piedra que finalizan en un estribo que, desde las cajas citadas, avanza dos metros hacia el interior del corredor y sostendría la estructura de cubierta hasta la puerta de madera que cerraría la entrada y de la que se conservan en posición secundaria los goznes donde al parecer se insertaba.
Igualmente, en el transcurso de la intervención arqueológica se ha documentado una piedra trabajada que en un primer momento se interpretó como un betilo y posteriormente como una estela antropomorfa. Ello fue posible al descubrirse en el laboratorio de restauración del CAAI que la piedra estaba tallada y mostraba dos brazos con las manos abiertas sobre el vientre y restos de un posible cinturón, sin que se adviertan rasgos que definan el rostro o cualquier otro elemento figurativo en la pieza.
Ruiz ha precisado que se está en condiciones de afirmar que la estela representa, esquemáticamente, a una divinidad y que se dispondría en el centro de la puerta junto a una pequeña capilla lateral. “Hemos encontrado una estela de una divinidad, posiblemente femenina y dedicada a la fertilidad, que estaba rota y tumbada delante de la puerta, pero se conservaba muy bien el sitio donde tenía su posición original”, ha apuntado.
En relación con este hecho, se ha documentado también un ritual de sacrificio de un grupo de trece cerdos domésticos y tres cabras, probablemente en el caso de las cerdas de hembras preñadas, según ha comentado el doctor Riquelme, de la Universidad de Granada, enterradas bajo una cista de piedra, en la que se dispusieron posteriormente dos mandíbulas también de cerda, que se cubrieron con dos grandes piedras cúbicas. Podría tratarse de un ritual de fundación ofrecido a la divinidad representada en la piedra.